jueves, 4 de marzo de 2010

Loco

Lo triste de aquella situación era que yo no podía hacer nada, escapaba a mi capacidad de control y a mis conocimientos teóricos sobre las relaciones humanas. Desconocía el significado de esa tensión que percibía en la sala como si pudiera olerla. La joven me miraba mientras la anciana murmuraba algo sobre fugas constantes y necesidad de internamiento psiquiatrico. Me acerque más a la ventana abierta y me colé por ella en la habitación. Tenía los pies sucios de caminar descalzo por la tierra húmeda. La chica seguía mirándome fascinada como si hubiese descubierto en mi cara la solución de una ecuación especialmente complicada. La anciana en cambio dio un grito y se puso a buscar en los cajones de las mantas. Entonces me di cuenta, había sido una estupidez salir de casa sin ropa solo para seguir a una mariposa. La señora me echo una manta vieja que picaba mucho por encima de los hombros sin parar de refunfuñar a voz en grito. Entonces la muchacha se volvió y me sonrió, nunca había sabido interpretar bien las sonrisas pero aquella me gusto. Yo sentía la mariposa aleteando en mi mano cerrada y ella me tendía la suya para llevarme de vuelta a casa. Quería interpretar sus gestos, conocer el origen de su ternura. Sin dejar de mirarla fui abriendo mi mano poco a poco hasta que la mariposa escapo y se puso a dar vueltas caóticamente alrededor de la lámpara.